Enseñar

La manera segura de aprender

Hoy leo menos libros que antes. Podría decir que es porque tengo menos tiempo, pero eso no es cierto.

“Tengo menos tiempo” nunca es literalmente cierto. Todos seguimos teniendo el mismo tiempo cada día (con pequeñas variaciones cuando la tierra rota más rápido o cuando a los gobiernos se les ocurre cambiar la hora en verano/invierno). Lo que cambia es cómo distribuimos el tiempo. Es fundamentalmente un ejercicio de priorización. Cuando decimos que “tenemos menos tiempo” para algo es una forma elegante de decir que lo despriorizamos relativo a otras cosas.

Igual sigo leyendo, pero menos horas a la semana. ¿Por qué? Porque mucho de lo que (creo que) aprendo leyendo después se esfuma. En el largo plazo la estrategia de leer harto no se traduce en aprender tanto.

Al final la memoria que tenemos no es infinita así que inevitablemente el último libro que leí me deja conceptos más frescos en la memoria, a costa de los conceptos del penúltimo libro, que quedan menos frescos.

Hay excepciones eso sí. Cuando leí “Range” y luego leí “How To Build a Car” me cuadró mucho que el aerodinamicista y diseñador de autos de carrera más exitoso de la Fórmula 1 haya tenido éxito gracias a haber tenido una carrera poco convencional y salpicada de movimientos laterales y no a pesar de no haber seguido una típica especialización (aprendiendo cada vez más de cada vez menos). Cuando mi cabeza conecta conceptos de los libros que leo, se fortalece lo que (creo que) aprendí.

Otra excepción es cuando aplico lo que estoy leyendo. Es una excepción más potente que la anterior. Ya no es sólo la conexión intelectual entre conceptos sino que poner en práctica cosas y ahí ver si realmente entendí (o si realmente el libro me sirve).

En mi experiencia, ese momento es clave. Cuando pongo en práctica lo que leí es cuando realmente sé que algo aprendí (o que no lo aprendí).

Cuando leo y las ideas sólo quedan en mi cabeza, no tengo como saber si (a) sirven de algo o (b) si las entendí bien. Claro, uno las puede conversar con más gente y divertirse “filosofando”, pero siempre me quedará la duda de si fue una ilusión colectiva de aprendizaje. Sin la conexión práctica, me falta algo.

Pero hay un nivel siguiente de aprendizaje, que va mas allá de (1) entender y (2) practicar lo que entendiste. Se trata de (3) enseñar.

Es una experiencia fascinante.


El año 2015 gracias a la iniciativa de mi socio Ricardo, un equipo de medusas de Continuum dictamos un ramo electivo para ingenieros a punto de egresar, en una universidad reconocida. El curso se llamaba “Desarrollo Móvil y UX” pero en realidad era un popurrí de cosas que hacíamos en Continuum y que creíamos que los estudiantes podrían querer conocer.

El grueso del programa cubría elementos de introducción a UX y luego desarrollo móvil en Android. Pero entremedio también les enseñábamos técnicas para estimar (o más importante, razones de por qué los humanos somos malos estimando) y algo de nuestra cosecha sobre gestión/cultura organizacional. También enseñábamos elementos sobre el desarrollo de “backends” (a los que las aplicaciones móviles suelen conectarse) y HTTP (el protocolo usado para esa conexión).

O sea, buscábamos enseñarles cosas prácticas que fueran un complemento a la educación clásica de ingeniería.

Nadie en Continuum sabe todas las cosas descritas anteriormente así que el curso lo dictábamos en equipo. Al menos 5 medusas formábamos parte de cada generación de profes, incluyendo una persona de diseño, una o dos personas desarrolladoras de apps móviles más Ricardo y yo que dictábamos los módulos más “salpicados” y llevábamos el hilo conductor del popurrí.

El curso fue un éxito desde el punto de vista de la “demanda” (cada año lo tomaban más alumnos) y también de los resultados. Era un curso demandante, donde los alumnos tenían que crear una app que resolviera un problema que fuera validado mediante exploraciones e iteraciones con sus usuarios. Muchos no sabían nada de Android, a veces poco de Java y definitivamente nada de UX.

Sin embargo aprendieron. Me tincaba que aprendieron cuando avanzaban en el curso contestando correctamente algunas pruebas. Pero supe aprendieron cuando salieron en grupos a conversar con sus usuarios ya no en la modalidad “toma de requerimientos” sino a entender problemas, oportunidades o necesidades. Supe que aprendieron cuando se las ingeniaron para crear — en poquísimo tiempo — prototipos de aplicaciones móviles que funcionaban y resolvían algún problema a alguien.

Así que más importante aún, el curso fue un éxito desde el punto de vista de los resultados.

Algunos hasta programaron backends para hacer sus aplicaciones súper funcionales 🤯.

A propósito de backends. Yo hacía la clase sobre (arquitectura de) backends y un zoom a como funciona el protocolo HTTP (que muchos usamos vía frameworks pero no siempre entendemos como funciona por “debajo”). El módulo iba casi al final del curso, como un bonus track. Pero era choro, con demostraciones que traían a la práctica todos esos tecnicismo de GET vs POST vs PUT y con hartos diagramas que ayudaban a entender todo eso en una clase donde todo el contenido estaba bastante comprimido.

Un día olvidé mi adaptador para conectar mi computador a la proyectora. Es fuerte esa sensación de indefensión cuando te das cuenta que tendrás que hacer clases sin tu material de apoyo. Igual tengo suficiente orgullo profesional y respeto por los alumnos para no llegar a la clase a leer mis slides. Pero esos diagramas no eran tan improvisables y esas demos no eran fáciles de llevar a una clase de plumón y pizarra.

Improvisé y fue la clase mas agotadora de la que tengo memoria. Hice fluir requests y responses con el plumón a través de diagramas explicando cómo las cookies podían hacer que tuviéramos “sesiones de usuario” cuando en realidad HTTP es un protocolo stateless. Transcribí mis diagramas dese los slides hacia parte de la pizarra. Y a juzgar por las preguntas que iba recibiendo, ese día mis alumnos entendieron más que cuando usé mis slides y demos.

Ese día también aprendí yo más sobre el tema que enseñaba que cuando lo hacía con slides.


Enseñar te obliga a empaquetar/transmitir/explicar lo que sabes que sabes (porque lo has aplicado en la práctica). Y mientras haces eso, empiezas a ser consciente de puntos ciegos o de cosas que no cuadran tanto o que derechamente se te olvidan. Me pasaba mientras improvisaba en la pizarra y tenía que volver a mis diagramas de los slides para reflejar mejor las ideas. También se te ocurren nuevas cosas. Slides que no había repensado en varios meses fueron rediseñados ese día con pizarra y plumón.

Enseñar (y prepararte para enseñar) te hace devolverte hacia el paso (1) de entender.

A veces te devuelves para cubrir puntos ciegos que cuando los quieres explicar te das cuenta que no sabes por qué las cosas son como crees que son. Otras veces para entender si hay una mejor síntesis de las cosas que quieres transmitir, para transmitirlas en simple y así ser mas efectivos.

Más importante aún, otras veces es para entenderte a ti mismo y ser más consciente de por qué haces las cosas que quieres transmitir. Eso te hace mejor enseñando, pero también te hace mejor a la hora de practicar tu mismo lo que enseñas.

Al final enseñar es de las mejores formas de aprender.

Si acostumbras aprovechar las oportunidades para aprender, entonces tienes que aprovechar las oportunidades para enseñar. Valen la pena.

Aunque te pase como a mí y tengas que quitarle tiempo a algunos libros que te gusta leer 😉.