Fallar

Cómo leer el radio de explosión ayuda a parecer valiente y tirarte a la piscina

Entre las respuestas de por qué a veces malgastamos el superpoder de aprender-a-aprender varias personas me sugirieron que el temor a fallar podía tener que ver. El tema amerita una entrega dedicada, y acá estamos.

Partamos por lo importante: Me carga fallar.

Con el tiempo le he agarrado el gustito a cagarla pronto por sobre cagarla tarde, pero igual prefiero no cagarla. Seguro tiene que ver con esa satisfacción que me da sentir que domino las cosas que hago. Maestría, le dice mi “amigo personal” Dan Pink. Según su libro (lo leí después de su comentario en mi blog, así que le funcionó la promoción) la Maestría es uno de los 3 pilares claves de la motivación para quienes trabajan en labores más cognitivas/creativas que repetitivas.

No suena raro entonces que me desmotive harto cuando la cago. Quizás a tí también te pasa.

¿Será por eso que preferimos aprender cosas menos “raras” donde tenemos menos chances de cagarla?

Igual es curioso, porque cuando fallas simultáneamente pasan dos cosas:

  • Descubres que quizás no sabías o eras tan bueno como creías (buuuu 😒).

  • Descubres que puedes aprender algo nuevo (ajá 🤔).

Sin embargo los humanos somos en general aversos a la pérdida. Eso también aplica a la motivación/ego/curiosidad. El ajá 🤔 no pesa tanto como el buuuu 😒 . Y la curiosidad pierde la batalla.


Momento para una historia personal 😊

El año 2008 me invitaron a dar una charla a la primera Djangocon, que más encima se realizaba en el Googleplex.

Algo me defendía escribiendo inglés. Lento eso sí. Me cargaba el chat porque salía el texto “Leo is typing” por largos minutos y luego cuando apretaba enter con suerte había escrito un par de lineas. Pero de que me esforzaba, me esforzaba. Por algo me habrán invitado a dar la charla 🤷🏻‍♂️.

Pero no sabía hablar inglés. O sea, podía chamullar pero como aprendí inglés leyendo en vez de oyendo, no sabía pronunciar casi nada. En mi cabeza me inventaba mi propia pronunciación de las palabras. Me puse a ver series en inglés con subtítulos en inglés y era divertido descubrir la pronunciación real. No podía creerlo cuando mi “chédul” resultó decirse “esquédul” (Plot twist: años después me fui a estudiar a Australia y nadie entendía por qué me reía solo cuando el profesor decía “chédul”).

Igual tampoco iba a una entrevista de trabajo ni a un congreso de las naciones unidas. Era una charla no más. Una charla puedes ensayarla, memorizarla. La charla era de a dos, así que mi co-charlista podía contestar las preguntas. Tampoco puede salir tan mal, me dije.

Salió re-mal.

Además de mi inglés poco entendible, presenté con una mano en el bolsillo, dandome vuelta a leer desde la proyección de mis slides a mi espalda. Poco pro. Desentonando con el entorno pro del salón de Google que incluía varios monitores pro, de esos que te permiten pasearte por el escenario y rápidamente mirar lo que todo el mundo puede ver detrás tuyo. Afortunadamente mi parte fueron unos 10 minutos no más y mi co-charlista se llevó el peso de la presentación.

Pero más allá de la charla, tampoco cachaba mucho de lo que pasaba socialmente a mi alrededor.

Podía seguir una conversación 1-1 (en mi defensa, pude contestar preguntas que me hizo gente después en los pasillos). Pero cero chances con las conversaciones grupales. La mejor parte de la conferencia — que siempre es la post-conferencia — me la perdí.

Mi ánimo no era del estilo ajá sé que puedo aprender mejor inglés y o cómo presentar como esos otros charlistas pro 🤔 . Era más bien del estilo buuuu que manera de dar jugo oye 😒 .

Sobre todo porque si rebobinamos la historia a los meses en que traté de aprender inglés viendo series (y descubriendo que schedule se decía esquédul), mi jefe y otras personas de la oficina me ofrecieron conversar en inglés para practicar. Pero nunca lo hice. Me dió vergüenza hacerlo.

Nunca fallé hablando mal inglés en la oficina de una empresa local en Santiago. Fallé en Mountain View en medio de una oportunidad bien especial. Con todo sino pa' qué 😂 .

Igual lo pasé bien. Era mi primera vez en 🇺🇸 así que aproveché de viajar a otras ciudades y conocer gente y carretear con puros desconocidos buena onda. Pero de que dolió hacer mal esa charla, dolió.

Unos 6 meses después hicimos una presentación similar en otra conferencia (PyCon 2009 en Chicago) y salió muuuuucho mejor. Fui yo quien hizo la mayor parte de la charla esta vez (mi co-charlista era definitivamente un hombre de fé). Además mi inglés alcanzó para disfrutar la post-conferencia. Otro día les cuento esa historia 😎 .


Claramente el yo-del-2008 tampoco gustaba de cagarla, al punto que por no cagarla rápido (hablando mal inglés en la ofi) la cagó lento. No es que cagarla pronto sea tan genial, pero me habría dado tiempo para aprender más rápido.

Fail fast se trata de “Learn Faster, en realidad.

Voy a insitir con el punto, porque es importante. Cagarla pronto no es cagarla por deporte, ni a tontas y a locas. Es cagarla pronto para dejar de cagarla pronto.

Sin embargo, creo que todo mi bla-bla hasta acá servirá de poco. Es muy probable que leas todo lo anterior pero no cambie nada en que la cagues más rápido y aprendas más rápido. Una cosa es convencer a nuestra cabeza que está ok cagarla y otra cosa es convencer a la amígdala (o lo que sea que toma decisiones cuando nos da susto) de que está ok cagarla.

Al comienzo de esta entrega mencionaba que somos en general aversos a las pérdidas. Por ahí va el truco. En mi experiencia, inflamos innecesariamente nuestra percepción de pérdida. Creemos que vamos a perder mucho cuando en realidad la cagada no suele ser tan terrible.

Lo único que hice bien en mi preparación para esa charla en Google fue creer que nada podía salir tan mal.

Poniendo las cosas en perspectiva, balbucear inglés y presentar mal frente a ~60 personas no es tan terrible. Comer sorprendentemente buenas hamburguesas mientras tomas una rica cerveza y no entiendes ni joda de lo que dice todo el resto no es tan terrible.

Mucho, pero mucho más habría perdido no tirándome a la piscina y quedándome en Santiago.

Ese es el truco para desbloquearte cuando te das cuenta que el susto a cagarla te detiene. En la práctica tiene dos partes.

  • Detente a pensar que tan grande es el “radio de explosión” (que tan grande es la cagada). La mayoría de las veces al analizar el tema, el radio de explosión es menor que el que intuímos. O hay formas sencillas de achicarlo.

  • Dale una vuelta al radio de explosión de no tirarte a la piscina. A veces hay que tenerle más susto a la inacción que a la acción.

Un caso reciente donde tuve que ocupar el truco fue en un experimento que queríamos hacer en Continuum para darle una vuelta al trillado formato de webinar. Requería invitar a personas de manera más directa a un evento donde queríamos recrear una atmósfera tipo meetup. La convocatoria fue mediante un mensaje público en Linkedin y antes de publicar eso mi lado que no quiere fallar pensaba “qué vergüenza si nadie engancha”.

“¿Pero cual es el radio de explosión?” Al final si no enganchaba nadie, probablemente pocos verían el mensaje. También al pensar en eso recordé que ya he pasado otras vergüenzas mucho mayores y no pasa nada terrible tampoco.

“¿Y si no me tiro a la piscina, que pierdo?” Si trataba de convocar a la audiencia persona a persona, gastaba mucho mas tiempo. Además la gracia del post público es que si prendía, podía llegar a gente que no conocía y que jamás invitaría en la otra modalidad persona a persona. Y que vergüenza estarle predicando a medio mundo en Continuum que fallemos rápido y aprendamos rápido y yo ahí poniendole color por una tontera. Por último si falla me va a servir para predicar con el ejemplo, concluí.

Al final es como hackear a la propia amígdala (o lo que sea que toma decisiones cuando nos da susto). Y mi ejemplo puede parecer una estupidez, pero nuestro ego o susto o lo que sea puede paralizarnos en cosas que con perspectiva parecen estupideces. Me ha tocado ayudar a desbloquear a docenas de personas y equipos. Sé que no estoy solo en esto de casi haberme bloqueado por una tontera.

La gracia de evaluar el radio de explosión es que hace más probable que te tires a la piscina. Alguien que no ha puesto las cosas en perspectiva te dirá que pareces valiente. Pero en verdad no es que seas héroe de película de Hollywood. Te tiras a la piscina porque tiene sentido 😎 . Tomas decisiones que te convencen, te vaya bien o te vaya mal. Te decepcionas menos cuando te va mal, así que pasas más rápido al modo ajá 🤔 donde aprendes de lo que sea que falló. Y te das cuenta de cuantas oportunidades se farrea mucha gente al no tirarse a la piscina 😕 .


Bonus track / Volada más profunda: Al hacer el ejercicio y poner las cosas en perspectiva (y el 2020 fue un año que ayuda a poner cosas en perspectiva) te das cuenta de lo afortunado que probablemente eres cuando los radios de explosión que tienes no son tan terribles. Mucha gente no tiene este privilegio. El radio de explosión para muchas personas (y/o sus familias) es intolerable. Sencillamente no pueden tomar riesgos, no tienen margen para fallar.

Creo que tomar conciencia de eso ayuda a que uno se la juegue y no malgaste el privilegio. Y quizás después poner un grano de arena para que más personas tengan ese privilegio.


¿En qué es lo último que fallaste demasiado lento? ¿O rápido? ¿Se te ocurre algo que suele dar susto pero que al analizar el radio de explosión resulta que no es tan terrible?

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PD: Se me acaba de ocurrir algo que suele darnos susto pero al analizar el radio de explosión es menos terrible de lo que parece. Lo dejaré en los comentarios también 😉 .