Preguntar

Cambiando tu entorno una pregunta a la vez

Tengo suerte, porque soy preguntón por naturaleza (desde bien chico, según mi madre) y me he dado cuenta que preguntar es un inesperado súper poder. Parece que hay una fuerza que nos cohibe e impide preguntar cosas aunque no sepamos la respuesta.

¡Y no tengo idea por qué ocurre! ¿Qué perdemos con preguntar? ¿Tiempo? ¿Paciencia la persona a la que le preguntamos? ¿Quedar de ignorante?

Quizás soy poco respetuoso con el tiempo y paciencia de mis contrapartes 😬 , pero en mi defensa muchas veces me incentivan a que siga preguntando. Y definitivamente me enredo poco con quedar de ignorante, porque:

  • Me da más lata seguir siendo ignorante que evidenciar temporalmente mi ignorancia.

  • Estoy resignado a que, con tanta especialización y avances que tenemos como humanidad en todo el amplio espectro del conocimiento, cada día que pasa soy más ignorante. Mirando el vaso medio lleno, eso significa que nunca enfrentaremos el día en que uno se levante y no haya nada que aprender. Sería horrible.

No sé como incentivarte a preguntar más, porque en mi caso sale medio natural. Pero voy a tratar con este argumento:

Preguntar es la forma más simple de tirarte a la piscina en una situación con radio de explosión básicamente cero.

O sea, mi hipótesis es que el miedo a fallar tiene algo que ver con cohibir nuestro lado preguntón y que los tips que compartí sobre fallar pueden funcionar acá.


Hace unos 10 años atrás hice un MBA por accidente (otro día les cuento como ocurrió ese accidente).

La segunda mayor gracia del programa era la diversidad deliberada. Además de la participación esperable de ingenieros industriales y comerciales, habíamos alumnos de diversas ingenierías, incluidos computines. Pero en realidad los computines (más encima varios santiaguinos y hombres) éramos relativamente poco raros en ese MBA donde tuve compañeras y compañeros arquitectos, abogados, médicos, sociólogos, periodistas y varias otras profesiones.

(La primera mayor gracia del programa era viajar por el mundo. Sorry, me encanta la diversidad, pero viajar por el mundo va primero en mi lista. Igual te permite conocer realidades hiper diversas, así que va por ahí la cosa)

Los primeros módulos del MBA deben haber sido una lata para los industriales y comerciales. Era un barniz con las cosas básicas para que los que veníamos con otros estudios (o habíamos puesto poca atención en las clases de economía o administración de nuestra carrera) tuviéramos la base necesaria para los ramos más profundos a tomar más adelante.

Era la clase de economía. La primera o segunda, recién comenzando el curso. El profesor hace las típicas curvas de los modelitos de microeconomía, explica oferta y demanda y cuenta rápidamente por qué esas curvas eran así:

“La oferta tiene esta forma porque mientras más productos se producen, menos eficiente la producción”, dijo el profe. Levanté la mano y pregunté “¿Por qué?”.

Lo que siguió fue freak. En mi cabeza yo pensaba “¿Las empresas métale fusionándose y buscando ‘economías de escala’ y resulta que es mala idea?” Además me venían a la mente casos computines como Microsoft o Google o Apple y me costaba entender las analogías ofrecidas por el profe. Para cada respuesta que me daba el profe yo tenía más dudas y más contraejemplos.

“Si metes muchos chefs en la cocina se entorpecen cada vez más”. Pucha, agranden la cocina (lo pensé, pero no lo dije 😅 ). Al final debo haber jodido tanto (y dicho más de alguna pelotudez) que el profe ya medio fuera de sus casillas repitió la última explicación y exclamó:

“¡Pero piensa! ¡PIEN-SA!”

Por algunos días me molestaban los compañeros con el “Piensa pos Leo, piensa”. Igual me dió un poco de vergüenza, pero la mayor frustración era que después de todo eso igual la forma de la curvita esa no me cuadraba.

Semanas más tarde, a otro profesor de economía que tenía pinta de tener más paciencia le hice la misma pregunta (de verdad no me podía sacar de la cabeza la duda).

Este segundo profe me dijo “Son modelitos, no reglas universales. Además partimos explicando los más simples. Les vas a encontrar mil pifias. La gracia es dar un salto de fé por un rato, ver que conclusiones salen y luego ver que tanto le achuntamos al mundo real. Seguro hay montón de empresas o incluso mercados en que esa curva no se comporta como te contamos en este curso”.

Al fin tuve paz. Después de resolver lo que realmente era mi duda o malentendido (conversando después con otras personas caché que ese malentendido de transmitir modelos como si fueran leyes absolutas es bien común), ese segundo profe procedió a explicarme por qué la “ley” de rendimientos decrecientes podría ser un supuesto decente en un mundo “racional”. Y que aquello del mundo “racional” a su vez es otro supuesto que resulta ser falso pero que ayuda a simplificar las cosas.


A pesar de lo vergonzoso del “Piensa Leo, piensa”, creo que el radio de explosión fue básicamente cero. Fallé (o mejor dicho fallamos, junto al profe) pero eventualmente encontré mi respuesta. También podría haber buscado la respuesta por mi cuenta, pero por cada episodio como este (donde fallo en aprender preguntando) vivo docenas de episodios en que las respuestas a mis preguntas tienen éxito.

Siendo yo profe me ha tocado muchas veces la situación en que nadie pregunta nada (mala señal, seguro hice una mala clase) y luego alguien se la juega. Miras al resto y te das cuenta que muuuchos tenían la misma duda. Pero o no eran conscientes de ella o no querían levantar la mano.

Otras veces me sumo a un equipo o a una consultoría y empiezo con los “por qués”. Como nuevo miembro del equipo o en el contexto, tengo chipe libre para preguntar. Pero mirando caras me doy cuenta que no soy el único aprendiendo de la respuesta. A veces veo a personas que llevan tiempo en la empresa o en el equipo aprendiendo con las respuestas a las preguntas.

Porque a veces no nos preguntamos a nosotros mismos las cosas. ¿Por qué diablos estoy haciendo esto? ¿Para qué lo estoy haciendo? Claro, tampoco podemos andar filosofando sobre cada una de nuestras acciones, o caemos en la parálisis-de-análisis. Pero me tinca que nos vamos al otro extremo en que hacemos cosas en automático. Por que siempre se han hecho así. O porque mi jefe o cliente me lo pidió.

Más encima en varias organizaciones aún creen que pueden separar el escoger las cosas correctas a hacer versus hacer las cosas correctamente. Que los ingenieros desarrollen, que diseñadores hagan su magia y que lo hagan la raja, pero no hay para qué decirles cómo ganamos plata con el producto o cuál es la estrategia de la empresa ni cuáles son los desafíos que nos llevaron a priorizar lo que priorizamos. Total el product owner (que no suele ser tan owner) u otros “stakeholders” ya priorizaron y escogieron las cosas correctas en las que hay que trabajar. Ahora tu pega es que esas cosas se hagan correctamente, bien desarrolladas, bien diseñadas, bien coordinadas.

No.

En nuestra industria de productos basados en tecnología, eso no funciona.

Primero que todo porque la manera correcta de hacer las cosas (en producto, en diseño, en ingeniería, en marketing) siempre es… “depende”. Y los parámetros para tomar la decisión vienen fundamentalmente de la naturaleza del problema que estás resolviendo.

Segundo porque cuando estás lidiando con problemas complejos, las cosas correctas a hacer son apuestas no más. No son certezas. Son tincadas, hipótesis o apuestas. Las llamen como las llamen, requieren ser re-calibradas frecuentemente en base a lo que ocurre en la trinchera de los equipos que están ejecutando.

La recetitis es un típico mal en la industria, donde aplicamos a rajatabla una metodología o conjunto de reglas sin mucho ojo con el contexto donde nacieron las reglas y la diferencia a donde las estamos aplicando. Pero claro, si no les dan mucho de ese contexto propio, entonces los encargados de “hacer las cosas correctamente” se ven forzados a buscar y buscar the one true way y pasar de receta en receta según las tendencias de turno — o copiarle a alguien — cuando todo sería más fácil si nos detenemos y hacemos preguntas.

  • ¿Qué diablos hacemos realmente acá en este equipo? (Pro-tip: “construir una aplicación” suele no ser la verdadera respuesta)

  • ¿Y por qué?

  • ¿Cómo podemos saber que lo estamos haciendo bien o si hay que enmendar el rumbo? (Pro tip: conectar con la respuesta a la primera pregunta)

(A veces uno le hace el quite a estas preguntas porque al repetirlas mucho terminas con respuestas tipo “para ser feliz”, “para ganar plata”, “para que el mundo sea mejor”, “por mi familia” y similares. Que están ok, pero las respuestas más prácticas suelen estar en un nivel intermedio: Ni en la superficie de la respuesta obvia, ni en la volada demasiado profunda)


Tuve la suerte de darme cuenta tempranamente que mi trabajo no es programar. Lo que es medio decepcionanete, porque me encanta programar. Más encima hay gente que parece dispuesta a pagarme por programar así que es fácil caer en la trampa y creer que ese es mi trabajo.

Pero preguntando y preguntando me cayó la teja de que mi trabajo cuando programo es resolver problemas (a las “oportunidades” también les digo problemas, porque para mí los problemas no tienen esa connotación negativa que en algunas organizaciones les dan)

No digo que tu trabajo sea el mismo que el mío. Pero sí creo que preguntar (más que lo que ya preguntas) te ayudará un montón. Desde entender mejor cómo se toman las decisiones en tu equipo o por qué han tomado decisiones con las que te encontraste no más. Hasta — como yo — descubrir que tu trabajo se trata de algo diferente a lo que creías cuando comenzaste tu vida profesional.

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PD: Ya que estamos en esto de preguntar, ¿tienes alguna pregunta random para mí? Da lo mismo si está o no está relacionada con lo que escribí. Déjame un comentario con tu pregunta o simplemente responde este correo y feliz te responderé (si puedo).